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miércoles, 15 de junio de 2016

Game Of Thrones: La promesa de Arya

El octavo capítulo (No one) de la sexta temporada de Game of Thrones fue entretenido. No tanto como el de nuestro verdadero héroe Hodor (The Door), pero sin duda, más emocionante que el séptimo (Blood of My Blood). Pero ahora no quiero presentarles un “ranking” de emociones. Esta vez me enfocaré en lo que he llamado “La promesa de Arya” hecha por los guionistas (saludos, George R. R. Martin).

La pequeña de los Stark, hasta que no aparezca alguna bastarda hermana de Jon en Winterfell (Invernalia) hizo lo que se esperaba: se vengó de alguien que no estaba en su famosa y olvidada lista de candidatos a caminantes blancos, pero que la molestaba sin cesar.

Arya “desojo” a la rubia que le “ayudó” a esforzarse para convertirse en una “Nadie”, cosa que al final consiguió a costa de su sangre, y la Stark debería agradecerlo. Claro, lo de la actriz Lady Crane nos dolió, parecía que sería una buena madre sustituta.

Pero ¿en qué consiste la promesa? Vea usted, llevamos casi dos temporadas viendo a la valiente Arya luchando por obtener su propio poder y no sabemos si lo consiguió.

¡No nos lo dijeron! Esperamos, y esperamos y nada de poder permanente.

Con ella no podemos molestarnos por querer su magia particular su magia particular: Su medio hermano Jon alcanzó el puesto de Lord Comander y hasta volvió de mucho más allá del Muro; Brandon es un visionario que se “lambió” (cargó) a Hodor (no te lo perdonaré); Sansa, bueno, Sansa fue obligada a dejar de ser inocente (prepárate Cersei, por ahí viene competencia) y ella, Arya, bueno, trabajó exitosamente en un funeraria para recolectar un rostro por un día.

Debemos reconocerlo: Arya, como toda Stark que se respete, ha pasado las mil y una. Tras utilizar un cara del Dios de Muchos Rostros, tuvo que pagar el precio de sus ojos, ser mendiga y entrenar más, mucho más para volver a ser admita “descarado” club. En todo, prueba superada.

Y ahora, ahora qué pasará. Tanto buscar la quinta pata, rizar el rizo, joder el parto, para qué, para una mirada de aprobación de su mentor. Por lo menos le hubiese dado una par de caritas para el viaje: una de guerrero, para el combate; de salvaje para el frío; Lannister, para pagar deudas; y de dragón para… Sería divertido.

Pero por favor descarado maestro, usted también es culpable. Nos hubiese ahorrado dos temporadas diciéndole: “Mire niña, sea quien es. No olvide sus raíces. Coja su famélica espada, golpeé los tacos de sus zapatos y repita que no hay lugar como Winterfell. Si me necesita, aquí tiene un saco de moneditas. Me manda un tuit o WhatsApp, y listo. Justiciero al momento”. ¡Listo!

Ahora bien, la promesa que nos hicieron de magia para Arya aún puede ser cumplida. ¡Esperamos cumpla! De lo contrario, ¡qué los dioses antiguos, nuevos y venideros los dejen sin presupuesto para la próxima temporada!

3 comentarios:

  1. Quien pesaría que ese pequeño entrenamiento de Siryo Forel le salvaría la vida, si con tan solo ese entrenamiento aprendió suficiente, como crees que ha captado este arduo entrenamiento de los sin rostro? Esperemos que dejen ver...

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  2. Quien pesaría que ese pequeño entrenamiento de Siryo Forel le salvaría la vida, si con tan solo ese entrenamiento aprendió suficiente, como crees que ha captado este arduo entrenamiento de los sin rostro? Esperemos que dejen ver...

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  3. Pues es lo que esperamos Josélo, que no se quede en simple relleno, que tanto entrenamiento tenga sentido, sentido mágico sobre todo.

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Gracias por tus comentarios.